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La Inteligencia emocional… ya es legal

La Inteligencia emocional… ya es legal

Paula Fernández-Ochoa

Socia de +MoreThanLaw y VivircorRiendo

Consultora de Mkt Jurídico y Marca Personal en entornos de alto rendimiento

Diario La Ley, Nº 9488, Sección Tribuna, 1 de Octubre de 2019, Wolters Kluwer

LA LEY 7229/2019

El mercado laboral ya no sólo apuesta por unas lógicas competencias profesionales técnicas sino también por una serie de habilidades emocionales que ayudarán a que determinados perfiles se vean reforzados hacia un nivel de máxima competencia. Los mejores abogados no son los más técnicos, sino aquellos que, además, son emocionalmente inteligentes.

Durante muchos años hemos apartado la gestión de las emociones de los pensamientos, del desarrollo intelectual. Se nos ha educado erróneamente sobre la base de no dejar aflorar las emociones para focalizarnos en nuestros recursos técnicos y habilidades intelectuales.

Por suerte, el escenario ha cambiado y las hasta ahora mal llamadas soft skills están siendo un reclamo no sólo para conseguir profesionales más equilibrados y felices sino también para la sostenibilidad de las organizaciones pues éstas tienen relación directa con su productividad y, por tanto, reflejo en la cuenta de resultados corporativos. Y la abogacía no es ajena a esta tendencia. El Consejo de la Abogacía lleva tiempo apostando por la inteligencia emocional para la buena gestión de un despacho —tal y como podemos leer en su publicación electrónica Gestión y Coaching—. También grandes eventos y conferencias jurídicas están dedicando mucho protagonismo al desarrollo de la inteligencia emocional por su importancia para el management y la gestión de las firmas. Así es el caso del próximo Legal Management Forum 2019 (1) , en el que no sólo habrá una sesión sobre «Inteligencia emocional, recursos humanos y carrera profesional» sino también un espacio llamado «El Derecho a Sonreír». ¡Vamos por el buen camino!

Ha habido una gran evolución en torno a la palabra inteligencia. Siempre se ha puesto en relación con la memoria o la capacidad para resolver problemas cognitivos. Sin embargo, en 1920, el psicólogo y pedagogo estadounidense Edward L.Thorndike utilizó el término inteligencia social para describir la habilidad de comprender y motivar a otras personas. En 1940 se dio un paso más y el psicólogo rumano-estadounidense David Wechsler, conocido por sus tests de inteligencia, describió la influencia de factores no intelectivos sobre el comportamiento inteligente. Por su parte, Howard Gardner, conocido en el ámbito científico por sus investigaciones en el análisis de las capacidades cognitivas y la teoría de las inteligencias múltiples, en 1983 introdujo la idea de que « los indicadores de inteligencia como el cociente intelectual no explican plenamente la capacidad cognitiva , porque no tienen en cuenta ni la "inteligencia interpersonal" —capacidad para comprender intenciones, motivaciones y deseos de otras personas— ni la "inteligencia intrapersonal" —capacidad para comprenderse uno mismo, apreciar los sentimientos, temores y motivaciones propios—». Hacia el año 1985, el uso del término inteligencia emocional (entendida como «capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los ajenos y de gestionar de forma positiva las emociones») tuvo su cimentación científica de la mano de Wayne Payne, Beldoch, Leuner, Stanley Greenspan, Peter Salovey o John Mayer. Y quien finalmente popularizó dicho término fue el psicólogo, periodista y escritor estadounidense Daniel Goleman, con su obra «Inteligencia emocional», publicada en 1995 —best seller en muchos países—.

A partir de aquí, el mundo empresarial y, por supuesto, el sector legal, ha encontrado en la inteligencia emocional una herramienta clave para alcanzar la productividad laboral de los profesionales, su liderazgo y felicidad y, con ello, el éxito de las empresas. «Los CEO son contratados por su capacidad intelectual y su experiencia comercial y despedidos por su falta de inteligencia emocional», ponía de relieve el citado Goleman, destacando también que «la diferencia que existe entre un trabajador "estrella" y cualquier otro, o entre los buenos profesionales de los verdaderos líderes, son ese conjunto de habilidades llamado "inteligencia emocional", entre las que destacan el autocontrol, el entusiasmo, la empatía, la perseverancia y la capacidad para motivarse a uno mismo».

En esta línea, diversos estudios han ido observando que la inteligencia va más allá del intelecto, que el coeficiente intelectual apenas representa un 20% de los factores determinantes del éxito y de alcanzar una vida plena, y que el 80% restante depende de otro tipo de variables como la clase social, la suerte y, en gran medida, la inteligencia emocional. Y es que ésta es de un valor incalculable para el trabajador contemporáneo. El tiempo de los jefes que mandan y controlan ha pasado a la historia a favor de los líderes que inspiran y encauzan la colaboración de todos hacia un objetivo común.

Los mejores abogados no son los más técnicos, sino aquellos que, además, son emocionalmente inteligentes. Y aquí la felicidad también juega un gran papel. Por eso los despachos deciden implementar programas de salud y bienestar (2) que les ayuden a atraer y retener talento, a dar herramientas a sus profesionales para alcanzar una vida plena y ser profesionales de alto rendimiento, lo que tiene impacto positivo en el negocio y en la imagen interna y externa de marca de la organización y, por ende, repercute también en beneficios para la sociedad.

El mercado laboral ya no sólo apuesta por unas lógicas competencias profesionales técnicas sino también por una serie de habilidades emocionales que ayudarán a que determinados perfiles se vean reforzados hacia un nivel de máxima competencia y a que determinados oficios no sean fagocitados por la robótica. Según el Foro Económico Mundial o Foro de Davos, dentro de las 10 competencias clave para la mejora de la eficacia en 2020, la inteligencia emocional se encuentra en 6ª posición. Los empresarios, políticos, periodistas, líderes religiosos, emprendedores, intelectuales, etc. que participan en esta Asamblea han coincidido en que debemos superar a las máquinas en lo único en lo que ellas no podrán superarnos nunca: las soft skills.

Abogados, la clave no está sólo en el dominio del conocimiento técnico-jurídico de la profesión (hard skills), sino en este conjunto de habilidades emocionales (soft skills). La inteligencia emocional ya es legal .

LEGAL MANAGEMENT FORUM 2019
No te pierdas la mesa «Inteligencia emocional, recursos humanos y carrera profesional» que tendrá lugar el 9 de octubre en la jornada previa a la VI edición del Legal Management Forum. Programa completo y toda la información en la web del evento. Inscríbete ya.
(1)

Evento organizado por Wolters Kluwer e Inkietos con el objetivo de servir de espacio para la reflexión y el conocimiento de los principales retos y oportunidades de la abogacía de los negocios, proporcionando ideas y herramientas que permiten a los profesionales anticiparse a los cambios y tendencias y obtener así ventajas competitivas. Reconocido como Mejor evento jurídico 2016, 2017 y 2018 y otorgado

Premio ACIJUR 2018

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(2)

Artículo de Expansión «Hacer deporte mejora la productividad en los bufetes» 18 sep 2018.

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