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Santiago Mediano, abogado y presidente de la Sección de Robótica, Inteligencia Artificial y Realidad Virtual y Aumentada del Colegio de la Abogacía de Madrid, considera que los últimos avances en inteligencia artificial, robótica, los enlaces cerebro-ordenador y la edición genética, y ha puesto de manifiesto el sinfín de oportunidades y beneficios que brindan, pero también los desafíos y retos a los que la población tendrá que hacer frente. “Las cosas están pasando casi sin que nos demos cuenta, por lo que se hace necesario un análisis riguroso sobre las implicaciones profundas de estas tecnologías y evitar que los beneficios que producen redunden solo en beneficio de unos pocos”.

Por ello, ha alertado de que estas tecnologías, combinadas con otras ya existentes, “están llevando a la humanidad a cruzar un umbral que le va a permitir tomar en sus propias manos la evolución de la especie”. Por eso las denomina “tecnologías de umbral” y propugna un debate público, global y urgente, para decidir sobre el curso de un futuro que afecta también a las generaciones futuras, por lo que no puede quedar en manos de unos pocos.

En el curso de una charla impartida en la sede de su despacho, Mediano ha analizado cuestiones de actualidad como la generación de embriones humanos artificiales, la gestión de los datos personales captados a través de interfaces hombre-máquina o la importancia de contar con una regulación relativa al desarrollo y el uso de la inteligencia artificial. “Son cuestiones que suscitan preocupación, pero que a la vez abren interesantes oportunidades”, ha indicado. “Mi opinión es que estas tecnologías de umbral son realmente maravillosas y abren posibilidades que, hasta hace poco tiempo, eran exclusivas de la ciencia ficción. Sin embargo, no están exentas de riesgos”.

Concretamente, y en relación con la edición genética, “podemos soñar con un futuro en el que las enfermedades de transmisión genética desaparezcan del todo, pero también se abren inquietantes posibilidades: combinada con la reciente generación de embriones humanos artificiales, puede permitir crear personas de una clase superior, con una serie de potencialidades y facultades diferentes a las que tiene el común de los mortales, o, a la inversa, seres de gran fortaleza y escaso intelecto, que estén al servicio de los demás”, ha explicado.

Santiago Mediano ha mencionado otros ejemplos, como las llamadas ‘diademas de meditación’. “Estas diademas, cuando se utilizan, se conectan con un dispositivo móvil a través de una aplicación, y hacen una lectura de las ondas del cerebro de la persona que las utiliza, registrándolas. A cambio ofrece al usuario consejos e información sobre cuál es el rendimiento de su actividad meditadora y de sus ondas cerebrales. Esto puede parecer interesante o incluso un juguete, pero no debe impedirnos ver los riesgos asociados: esas mismas lecturas van a pasar a engrosar bases de datos cuyo titular en este momento no sabemos exactamente quién es”, ha detallado. “La intromisión en nuestra esfera más íntima, la consciencia, parece algo digno de reflexión”, ha reiterado Mediano ante la posibilidad de que éste y otros dispositivos identifiquen aquello que pasa por la mente del usuario a través no solo de la lectura de las ondas cerebrales, sino también de otros factores como el calor corporal o el movimiento de los ojos.

“Pero no acaba aquí la cosa. Como ha puesto de manifiesto Rafael Yuste y todo el equipo de personas que colaboran con él en pro de los llamados neuroderechos, nada impide que el proceso de lectura de las ondas cerebrales sea invertido y pasemos a un momento en el que se trate de influir en los procesos cerebrales desde fuera. Es decir, invertir el sentido de la lectura, pasar a la escritura, y que a través de ciertos dispositivos haya quien intente influir en nuestra consciencia, en nuestro pensar, en nuestro sentir y en nuestra voluntad, incluso creando imágenes mentales irreales”.

Mediano expuso también las implicaciones laborales de la generalización de los sistemas de IA en la empresa. Unas implicaciones que comienzan por un aumento de la eficiencia y la competitividad, pero que a corto plazo se traduce en la reducción de puestos de trabajo. A continuación, se introducen economías de escala, que generan un incremento de la demanda y una reducción de costes para, finalmente, iniciar un nuevo proceso de ajuste social, en el que los trabajadores adquieren nuevas habilidades y surgen nuevos puestos de trabajo. Pero antes, advirtió, según algunos estudios se podrían haber perdido unos 300 millones de puestos de trabajo, con las implicaciones personales y sociales que ello puede suponer.

Estos efectos llevan, en su opinión, a considerar seriamente la conveniencia de implantar un ingreso mínimo vital, al menos para prevenir los peores efectos de la tecnificación.

Por todo ello, Santiago Mediano ha querido hacer una “llamada de atención sobre la necesidad de un debate global en el que intervengan no solo los políticos, sino que sea un debate antropológico, filosófico, ético, médico, biológico, económico, social, cultural y jurídico”. “Desde mi posición de jurista, veo imprescindible que este debate cristalice en última instancia en políticas y regulaciones que garanticen que la mínima esfera de los derechos de los seres humanos esté respetada y salvaguardada en todo momento. Pero no solo que conjuremos los riesgos de estas tecnologías, sino que los beneficios que van a traer no queden en manos de unos pocos privilegiados, y que toda la humanidad pueda beneficiarse de ellos”, ha concluido.

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