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Internet de las cosas ¿oportunidad de...

Internet de las cosas ¿oportunidad de crecimiento para el negocio legal o riesgo inaceptable?

  • 5-1-2017 | Wolters Kluwer
  • La Internet de las cosas (IoT) es uno de los conceptos tecnológicos de mayor impacto legal. Sus numerosas posibles ventajas se enfrentan también a importantes riesgos para la seguridad y la privacidad de los usuarios, que ponen en duda su viabilidad futura.

Carlos Fernández Hernández. Se conoce como Internet de las cosas (IoT por la abreviatura en inglés de Internet of Things), el sistema por el cual objetos de uso cotidiano, desde electrodomésticos a ropa, pasando por automóviles, juguetes, televisores, aparatos de gimnasia, sistemas de riego automático, cerraduras o sistemas de alarma, se conectan a internet a través de señales de radio de baja frecuencia. A través de esta conexión se transmiten e intercambian datos sobre su uso, ubicación y actualización, tanto con un servidor centralizado, como con otros usuarios, permitiendo con ello tanto el almacenamiento y rastro de los datos que generan como su control a distancia.

El concepto surgió ya a finales de los años 80 del siglo pasado, pero no fue hasta finales de los 90 del mismo cuando comenzó a extenderse su aplicación, con motivo de la generalización de Internet y de las redes de comunicación inalámbrica y el avance de tecnologías como la miniaturización de baterías, sensores, emisores y procesadores o la analítica de datos.

Al tratarse de una tecnología que permite la captación de múltiples datos relativos o relacionados con los usuarios de los objetos conectados, ha levantado desde su inicio fuertes reservas en cuanto a la afectación que supone para la privacidad, la protección de datos y, más recientemente, la propia seguridad patrimonial o física de dichos usuarios.

Por todo ello se trata de una materia que ha recibido notable atención por parte de tecnólogos y juristas, que generalmente la han considerado una de las tendencias más en auge para los próximos años.

Sin embargo en los últimos tiempos esa aparente unanimidad ha comenzado a sufrir alguna fractura, al haberse puesto en cuestión por algunas voces tanto la conveniencia como el futuro de esta tecnología.

Por ello nos ha parecido interesante traer hoy a nuestros lectores ambos puntos de vista sobre esta cuestión.

La IoT como herramienta de trabajo medio de prueba procesal

Tal como informamos recientemente, en su repaso a los desarrollos más relevantes en tecnología legal durante 2016 ( The 10 Most Important Legal Technology Developments of 2016 ), el abogado y tecnólogo Robert Ambrogi destacaba la importancia de la IoT como nuevo ámbito de especialización legal. Y no solo eso, según este autor, esta puede estar convirtiéndose en una nueva herramienta contractual y de prueba procesal.

En cuanto al primer aspecto Ambrogi cita el ejemplo de varias grandes firmas norteamericanas como DLA Piper, Morris, Manning & Martin o Paul Hastings que estimando el potencial de crecimiento que supone, ya han creado áreas específicas dedicados al asesoramiento legal sobre IoT. El ámbito de asesoramiento de estos despachos cubre desde los ámbitos tecnológicos y de comunicaciones a los legales y regulatorios.

En cuanto a su papel como herramienta, Ambrogi cita el ejemplo de una startup norteamerica llamada Clause que está usando la IoT para desarrollar contratos inteligentes (smart contracts) capaces de controlar su cumplimiento. Gracias a ello esta empresa fue capaz de asegurar el cumplimiento de una transacción comercial entre Estados Unidos y China que implicaba el envío de un contingente balas de algodón entre ambos países. Gracias a una combinación de Smart contracts, blockchain e IoT, un sistema GPS pudo seguir y controlar el traslado de esos bienes hasta su llegada a puerto chino, momento en que el sistema tuvo por cumplido el contrato.

Pero además, las cuestiones relativas a la ciberseguridad están abriendo también nuevas posibilidades de reclamación por daños a cargo de los afectados y sus abogados. Y en este ámbito, tanto los dispositivos conectados, como objeto de litigio, como su capacidad de recogida de datos, como elementos probatorios, están de estos dispositivos tan frecuentes, descubre nuevas posibilidades de eficacia probatoria, tal como recientemente publicó A. Payton en el Richmond Journal of Law and Technology .

Una herramienta demasiado peligrosa

En el otro extremo del espectro, la revista Wired, una de las más prestigiosas en el ámbito de la tecnología, vaticina que la IoT se ha convertido en una herramienta demasiado peligrosa como para esperar que subsista a este año que ahora comienza.

En un artículo titulado “Lo que va a suceder en tecnología en 2017 (salvo que 2016 fuera solo un sueño)” (Here’s What Happens to Tech in 2017 (Unless 2016 Was All a Dream) la revista repasa los últimos incidentes de seguridad que tuvieron su origen o cauce en objetos conectados (como el malware que en septiembre utilizó objetos como cámaras de vigilancia y reproductores de DVD para lanzar un ataque contra la web del especialista en seguridad Brian Krebs, o el ataque similar que tuvo lugar el mes siguiente y que provocó la caída de numerosas webs en todo el mundo).

Wired considera que estos incidentes han sido el colofón a dos últimos años marcados por malas noticias para el internet de las cosas, incluyendo los casos de dispositivos bloqueados por software malicioso, caídas de uso, quiebra de start ups o un escándalo internacional por manipulación del software de control de emisiones de una conocida marca de automóviles (por no mencionar la divertida historia del ciudadano británico que pasó 11 horas tratando de hervir agua para el té por medio de un innecesario calentador de agua de alta tecnología (conectado, naturalmente).

Por ello esta revista considera que el concepto de IoT, tal como hoy lo conocemos, está próximo a su fin. Sirvió para un momento, pero ya no puede hacerlo más por los múltiples riesgos que plantea.

Y aunque entienden que tiene el determinado potencial, como el de ahorrar valiosos recursos, detectar y combatir la contaminación, y ayudar a las personas a llevar vidas más saludables y seguras, e incluso a salvar vidas, consideran que para ello no es necesario añadir un sistema de control remoto a través de internet a cada producto que se comercialice. Lo que necesitamos, concluye Klint Finley, son dispositivos bien pensados, asequibles y duraderos que realmente hagan que nuestras vidas mejoren. Por ello apunta que quizás lo que la IoT necesita es un nuevo nombre y un renovado sentido.

Habrá que seguir atentos a esta cuestión.

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