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Derechos de los trabajadores ante el uso de datos y algoritmos por las empresas

  • 16-11-2021 | Wolters Kluwer
  • El informe “Data and Algorithms at Work: The Case for Worker Technology Rights”, recientemente publicado por el Labor Center de la Universidad de California Berkeley, realiza un completo análisis de cómo se están utilizando las tecnologías basadas en datos, en una amplia gama de sectores industriales y los daños potenciales que ese uso puede provocar para los trabajadores.

Carlos B Fernández. La recopilación por la empresas de datos derivados de la actividad de sus empleados, y su tratamiento por medio de algoritmos, está convirtiéndose en una práctica cada vez más frecuente en todo el mundo.

En nuestro país, diversas iniciativas legislativas, como la Ley 12/2021, de 28 de septiembre (LA LEY 21294/2021), por la que se modifica el Estatuto de los Trabajadores para garantizar los derechos laborales de las personas dedicadas al reparto en el ámbito de plataformas digitales, o la negociación colectiva, como el Convenio Colectivo de la Banca, han comenzado a regular esa utilización, reconociendo a los comités de empresa el derecho a “ser informado por la empresa de los parámetros, reglas e instrucciones en los que se basan los algoritmos o sistemas de inteligencia artificial que afectan a la toma de decisiones que pueden incidir en las condiciones de trabajo, el acceso y mantenimiento del empleo, incluida la elaboración de perfiles”. En una línea similar, la Carta de Derechos Digitales ha venido ha reconocer tanto los derechos de las personas trabajadoras en el ámbito laboral, como las obligaciones de la empresa en el entorno digital.

Pese a ello, no abundan los documentos de análisis de los efectos del uso de estos algoritmos en el entorno de trabajo. Es por ello que reviste particular interés el informe “Data and Algorithms at Work: The Case for Worker Technology Rights” (Datos y algoritmos en el trabajo: un ámbito para los derechos tecnológicos de los trabajadores), recientemente publicado por el Labor Center de la Universidad de California Berkeley. Aunque el estudio pone su foco en los Estados Unidos y en las necesidades de reformas normativas en ese país, muchas de sus observaciones y recomendaciones tienen interés general. Por ello, a continuación reseñamos los contenidos más destacables de este informe desde esa perspectiva.

Diremos en primer lugar que su objetivo es ofrecer a los responsables políticos y a otras partes interesadas una comprensión de las tendencias en el lugar de trabajo basado en datos, así como un marco de los derechos tecnológicos que los trabajadores necesitan y merecen. Para ello, realiza un completo análisis de cómo se están utilizando las tecnologías basadas en datos, en una amplia gama de sectores industriales y los daños potenciales que ese uso puede provocar para los trabajadores.

Además, expone un nuevo conjunto de derechos aplicables a los trabajadores con respecto a sus datos, que regulan la forma en que los empleadores utilizan los algoritmos y la supervisión electrónica, establecen responsabilidades para los empleadores por los daños causados por sus sistemas, garantizan el derecho a organizarse en torno a la tecnología, protegen contra la discriminación y establecen un sólido régimen de aplicación.

En concreto, el informe contempla actuación en materia de divulgación; uso de los datos de los trabajadores; uso de la supervisión electrónica; uso de algoritmos; discriminación; organización y negociación; evaluaciones de impacto y mecanismos de aplicación de la normativa.

Efectos del uso de los algoritmos en la relación laboral

El informe comienza destacando que los empleadores utilizan cada vez más los datos y los algoritmos de una forma que puede tener profundas consecuencias para los salarios, las condiciones de trabajo, la igualdad de raza y de género y el poder de los trabajadores.

La forma en que los empleadores utilizan estas tecnologías digitales no siempre es obvia o incluso visible para los trabajadores o los responsables políticos. Por ejemplo, se menciona, el software de contratación de la empresa HireVue genera puntuaciones de los solicitantes de empleo basándose en su tono de voz y en las palabras elegidas durante las entrevistas en vídeo. Otros algoritmos se utilizan para predecir si los trabajadores piensan dejar la empresa o constituir un sindicato o, en el caso de las mujeres, si planean quedarse embarazadas, lo que afecta a las decisiones de los empresarios sobre la asignación de puestos de trabajo y los ascensos.

Otras tecnologías se utilizan en los centros de atención telefónica al cliente (Call Center) para analizar las llamadas y dar instrucciones a los trabajadores que las atienden en tiempo real para que ajusten su comportamiento. Igualmente, plataformas de supermercados, como Instacart, supervisan a los trabajadores y calculan las métricas de su velocidad mientras rellenan las listas de la compra.

En estos y otros muchos ejemplos, las operaciones y decisiones empresariales se basan en la recopilación y el análisis casi constantes de los datos de los trabajadores.

Esta tendencia hacia lugares de trabajo basados en datos se ha visto exacerbada por la pandemia del COVID-19, con trabajadores que experimentan formas más invasivas de vigilancia, tanto dentro del lugar de trabajo (como el seguimiento de los comportamientos de distanciamiento social) como en los hogares de los trabajadores remotos (como el seguimiento de las pulsaciones del teclado). En este sentido los trabajadores de los almacenes y del servicio de reparto de Amazon se llevaron la peor parte a causa del vertiginoso aumento de la demanda de sus productos, con una vigilancia constante y un software de seguimiento de la productividad que lleva el ritmo de trabajo a un ritmo alarmante y pone en riesgo la salud de los trabajadores.

En opinión de los autores del informe, la ausencia casi total de regulación sobre el uso de estas tecnologías significa que existen fuertes incentivos para que los empleadores las utilicen a su antojo, de manera que puedan perjudicar directa o indirectamente a los trabajadores. Del mismo modo, los desarrolladores son en gran medida libres de vender sistemas no probados y defectuosos basados en una ciencia dudosa, lo que agrava los daños potenciales contra los trabajadores. Estos daños pueden adoptar la forma de intensificación y aceleración del trabajo; descualificación y automatización; condiciones de trabajo peligrosas; aumento del trabajo contingente; pérdida de autonomía y privacidad; discriminación y supresión del derecho a organizarse.

El informe resalta que resulta especialmente preocupante que los trabajadores de color, las mujeres y los inmigrantes puedan sufrir una discriminación directa a través de los prejuicios sistémicos incorporados a estas tecnologías, y que además tengan más probabilidades de trabajar en ocupaciones en primera línea de experimentación con la inteligencia artificial. En este sentido, se subrayada, “No es difícil imaginar un futuro en el que los trabajadores trabajen en talleres digitales, microgestionados, sin autonomía y bajo una presión constante”.

Por ello, concluye la introducción, “el debate sobre los derechos tecnológicos debe extenderse al lugar de trabajo, confrontando explícitamente el desequilibrio fundamental de poder entre los trabajadores y las empresas para las que trabajan, ya sea como empleados, trabajadores subcontratados o contratistas independientes”.

En este sentido se subraya también que “la tecnología no es intrínsecamente buena o mala, pero tampoco es neutra”, por tanto, “el papel de la regulación del lugar de trabajo es garantizar que las tecnologías sirvan y respondan a los intereses de los trabajadores y evitar los impactos negativos”.

Por ello, el informe considera que “Lo que necesitamos, por tanto, es un nuevo conjunto de normas laborales del siglo XXI que establezcan los derechos de los trabajadores y las responsabilidades de los empleadores para el lugar de trabajo impulsado por los datos. Estas normas deben establecerse tanto en las políticas públicas, como en los convenios colectivos de los centros de trabajo”.

En última instancia, el objetivo es que los trabajadores participen plenamente en las decisiones sobre qué tecnologías se desarrollan, cómo se utilizan en el lugar de trabajo y cómo se comparten las ganancias de productividad resultantes. Esta participación no tiene por qué ser, ni debe ser, contraria a la innovación, ya que los trabajadores tienen una gran cantidad de conocimientos y experiencia que aportar. La deshumanización y la automatización no son el único camino. Con una fuerte protección de los trabajadores, la nueva tecnología puede ponerse al servicio de la creación de una economía vibrante y productiva basada en empleos con salarios dignos, lugares de trabajo seguros y equidad de raza y género.

Posibles perjuicios para los trabajadores

En la actualidad, gran parte del debate político sobre los derechos de los datos se centra en la preocupación sobre la privacidad, en parte porque la atención principal se ha centrado en los consumidores. Pero con la llegada de sistemas basados en datos defectuosos y en la pseudociencia y de potentes tecnologías como el reconocimiento facial, cada vez se entiende mejor que los daños potenciales de las nuevas tecnologías van mucho más allá de la privacidad. Este es el caso de los trabajadores, dado el variado conjunto de herramientas de contratación, gestión y supervisión basadas en datos y algoritmos a que se ha hecho referencia anteriormente.

Por ahora, se destaca, sólo estamos empezando a comprender toda la gama de posibles impactos negativos sobre los trabajadores. Nótese que estos daños no son inevitables; las tecnologías basadas en datos también pueden utilizarse para ayudar a los trabajadores, hacerlos más seguros, reducir la monotonía y mejorar su vida laboral. Pero, ante todo, el objetivo de las políticas públicas debe ser prevenir los daños a los trabajadores, que incluyen, entre otros, los siguientes.

1. Discriminación

Hasta ahora, el daño para los trabajadores de las tecnologías basadas en datos que mejor se ha documentado es la discriminación basada en la raza, el género, la edad, la discapacidad y otras categorías, especialmente en el software de contratación. El escenario clásico es un algoritmo de contratación que se entrena para buscar características de los candidatos a un puesto de trabajo que coincidan con la plantilla actual de una empresa, replicando inevitablemente la demografía --a menudo blanca y masculina-- de esa plantilla. Pero lo más importante es que las mujeres y los trabajadores de color también pueden estar desproporcionadamente expuestos a los perjuicios de las tecnologías basadas en datos debido a las ocupaciones en las que trabajan, especialmente los empleos con salarios bajos como los almacenes y los centros de llamadas, en los que es más probable que se experimente con la supervisión invasiva o la gestión algorítmica.

2. Intensificación del trabajo y daños a la salud y la seguridad

Una de las principales aplicaciones de las tecnologías basadas en datos es el control y la gestión de la productividad de los trabajadores, lo que no es perjudicial en sí mismo. Pero cuando un empresario utiliza la tecnología para hacer un seguimiento minucioso y presionar implacablemente a los trabajadores para que alcancen una mayor productividad, los efectos negativos pueden hacerse sentir rápidamente. La intensificación del trabajo puede tener un impacto directo en la salud física y la seguridad de los trabajadores, como demuestran las elevadas tasas de lesiones que se han documentado en los almacenes de Amazon. Además, la vigilancia electrónica para seguir de cerca todos los movimientos de los trabajadores puede afectar significativamente a sus niveles de estrés y a su salud mental. Una amplia investigación también ha vinculado el estrés relacionado con el trabajo con úlceras, trastornos cardiovasculares y otras consecuencias negativas para la salud física de los trabajadores.

3. Desplazamiento de personal y pérdida de puestos de trabajo

Las tecnologías basadas en datos pueden utilizarse para rutinizar los trabajos y dividirlos en tareas discretas y simplificadas, acompañadas de la medición y el control del rendimiento. Aunque el objetivo principal del empresario sea aumentar la eficiencia, el resultado para los trabajadores puede ser la desestructuración de sus puestos de trabajo, la reducción del alcance de su trabajo y el aumento de la repetición. Las consecuencias posteriores pueden ser significativas, en forma de salarios más bajos, menos acceso a la formación (ya que el trabajo se ha desestructurado) y una menor movilidad laboral. Dependiendo del sector, la estandarización de las tareas puede conducir a su vez a la automatización parcial o total de esos puestos de trabajo, ya que los datos recogidos en tiempo real sobre los trabajadores que realizan cada tarea pueden utilizarse para entrenar a robots o algoritmos que acaben tomando el relevo. Por ejemplo, los chatbots aprenden con el ejemplo mientras escuchan las llamadas de los agentes de los centros de llamadas, y los algoritmos que se utilizarán en los vehículos autónomos aprenden de las horas de supervisión de los conductores de camiones.

4. Salarios más bajos y menor movilidad económica

Las tecnologías basadas en datos pueden afectar a los salarios de los trabajadores a través de múltiples vías. Algunas pueden ser directas, por ejemplo, cuando un candidato a un puesto de trabajo es descalificado por un sistema de contratación automatizado utilizando criterios que no están obviamente relacionados con el desempeño del trabajo y/o que tienden a desfavorecer a los trabajadores de grupos marginados. La disminución de salarios es otro ejemplo directo, como cuando los programas informáticos de control del tiempo deducen automáticamente las pausas (aunque los trabajadores no puedan tomarlas), o cuando las intensas cuotas de productividad disuaden a los trabajadores de tomar las pausas de descanso remuneradas a las que tienen derecho por ley. Otras veces los efectos sobre los salarios pueden ser más indirectos. Por ejemplo, cuando un puesto de trabajo es descalificado y rutinizado por las tecnologías avanzadas, se convierte de hecho en un trabajo sin salida. Del mismo modo, un sistema de gestión algorítmica puede hacer recomendaciones a un empleador sobre la asignación de puestos de trabajo o los ascensos, de manera que perjudique la movilidad profesional a largo plazo de un trabajador. Las tecnologías basadas en los datos también pueden servir indirectamente como guardianes del mercado laboral, si los trabajadores cualificados tienen escasos conocimientos tecnológicos o carecen de acceso a Internet de banda ancha.

5. Trabajo eventual

A medida que las nuevas tecnologías permiten el control y la gestión a distancia de los trabajadores, el incentivo para que los empleadores subcontraten trabajos que antes eran internos a subcontratistas, agencias de empleo o trabajo basado en plataformas es alto, y con ello aumenta la probabilidad de clasificar erróneamente a los trabajadores como contratistas independientes. Una de las principales razones por las que los empresarios subcontratan es para evitar asumir todos los costes de la contratación directa de los trabajadores, como tener que pagar el salario mínimo, pagar la indemnización de los trabajadores y proporcionar un seguro médico y prestaciones de jubilación. Mientras tanto, los trabajadores que dependen de los ingresos basados en plataformas quedan excluidos de las protecciones laborales y

soportan la mayor parte de la inseguridad laboral.

6. Supresión del derecho de sindicación

El informe destaca que cada vez hay más informes sobre el hecho de que los empleadores están utilizando tecnologías de vigilancia para identificar a los trabajadores que intentan organizar un sindicato, así como algoritmos predictivos (que minan los datos de las redes sociales) para identificar a los trabajadores que podrían intentar organizar uno. Asimismo, las empresas que diseñan sistemas de contratación pueden incorporar métodos para descartar a los trabajadores que probablemente simpaticen con los sindicatos.

Estos intentos de identificar la actividad de organización son, en sí mismos, una intrusión en el derecho a organizarse, pero lo son especialmente cuando los empresarios toman medidas para detener la organización o prevenirla despidiendo o intimidando a los trabajadores.

7. Pérdida de privacidad

Los trabajadores tienen importantes problemas de privacidad en sus lugares de trabajo. La vigilancia electrónica, por ejemplo, puede salir fácilmente del lugar de trabajo, a través de sistemas que escanean la actividad en las redes sociales o de aplicaciones descargadas en los teléfonos de los trabajadores que acceden a los datos de localización por GPS independientemente de que estén en el trabajo. El riesgo es que este tipo de vigilancia intrusiva descubra información sobre los trabajadores (por ejemplo, su religión o su sexualidad) que es intensamente privada y no es en absoluto relevante para el rendimiento laboral. Puede revelar la discapacidad de un trabajador u otra información sensible o legalmente protegida sobre el trabajador. Estas intrusiones en la vida personal de los trabajadores son especialmente probables en el caso del creciente número de personas que trabajan a distancia desde sus hogares, dada la amplia captura de datos que permite el software de control de horarios o los dispositivos portátiles que recogen y utilizan datos biométricos.

8. Pérdida de autonomía y dignidad

Por último, los trabajadores corren el riesgo de perder su autonomía y dignidad cuando las tecnologías basadas en datos se utilizan para microgestionar y supervisar cada actividad y eliminar todo margen de discreción en el trabajo. Aunque no es tan inmediato o concreto como algunos de los daños mencionados anteriormente, el peligro de deshumanización en el trabajo en la era de la inteligencia artificial es muy real, y ya ha sido denunciado por los trabajadores. Un ejemplo visceral es la posible humillación pública que supone la comparación de la puntuación de la productividad de uno con la de otros trabajadores en las tablas de clasificación. Pero en última instancia se trata de la pérdida de oportunidades. Los trabajadores quieren y merecen tener capacidad de decisión en la resolución de problemas y en la innovación de las mejores prácticas y el aprendizaje de nuevas habilidades; la supresión de ese deseo tan humano es parte de lo que está en juego en el debate sobre las nuevas tecnologías.

Por todo ello, el informe concluye recordando que la llegada de las tecnologías basadas en datos al lugar de trabajo plantea riesgos significativos para los trabajadores y requiere la creación de un nuevo conjunto de normas laborales. En opinión de sus autores, estas nuevas normas deben ser audaces, exhaustivas y estar continuamente actualizadas para responder a la rápida evolución de las tecnologías en el lugar de trabajo y a los daños potenciales que los trabajadores afrontan a causa de ellas.

Sin embargo, se añade que aunque el reconocimiento de los derechos de los trabajadores es fundamental, no basta por sí solo. Es necesario además que los trabajadores reciban la formación necesaria para crecer con su trabajo y participar plenamente en el cambio tecnológico. El personal gubernamental necesita las habilidades y los recursos adecuados para proporcionar la necesaria supervisión y contar con las herramientas de cumplimiento de la ley necesarias. Finalmente, debe aprovecharse y aumentarse la financiación pública en I+D para incentivar el desarrollo de tecnologías que beneficien a las personas y al planeta. Y, sobre todo, los trabajadores y sus comunidades --especialmente las de bajos ingresos, las mujeres, los inmigrantes y las comunidades de color-- deben ser incluidos en el desarrollo de ese régimen de gobernanza; sus conocimientos y experiencias serán la piedra angular para garantizar que la innovación contribuya realmente al bien social, concluye.

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